El mundillo de las nuevas tecnologías incorporadas a la educación resulta fascinante y prometedor. Sin embargo no podemos dejar de mirar el fenómeno también en su dimensión social donde no todo resulta como en sueños o ideales.
Los videojuegos son una creación muy atractiva que demanda recursos económicos y conocimientos específicos para su implementación en los ámbitos educativos y no siempre todas las realidades pueden responder a esta demanda necesaria para su incorporación (o lo hacen a la velocidad pretendida).
Aquí podemos visualizar la denominada brecha digital que separa un mundo conectado a las redes a través de las TICs (Tecnologías de la Información y de la Comunicación) de otro que se encuentra desconectado parcial o totalmente o condicionado su accesibilidad.

Esta distinción, no pretende condicionar o valorar la calidad de la educación impartida con los recursos disponibles, sino reflexionar sobre la postura que planteamos en la necesidad de incorporar las tecnologías educativas a los procesos de aprendizaje en los distintos niveles educativos, siendo realistas con las necesidades previas para su implementación y también con otras consideradas más urgentes y prioritarias.
De todas maneras, la consideración de los videojuegos como invento y revolución en la educación también puede pensarse con las políticas adecuadas como medio para resolver múltiples problemáticas.
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